viernes, 30 de enero de 2015

SHEINA LEONI HANDEL



LOS EMIGRANTES
 
Como errantes vagabundos indagan nuevos caminos,
marcados por la esperanza hacia un joven destino;
buscando un nuevo origen, donde plantar nuevos sueños
y poder vivir felices como en los libros de cuentos…
Expulsados de su tierra como fiero torbellino,
se cubrieron de coraje, se enfrentaron al peligro…
Los llamaban emigrantes, buscaban un nuevo hogar,
como pájaros perdidos que buscan donde anidar.
Por ellos se encuentra el mundo recubierto de colores
sus costumbres compartieron como canastas de flores
y el tranvía de la vida nos cubrió con sus sabores.
Caminantes de la vida que marcharon con templanza
llevándose bajo el brazo un trocito de su Patria.

Sheina Leoni Handel (Uruguay).


VICTOR ESCOBAR



CHARLIE HEBDO

El carnaval de la tinta
fue sacrificado en nombre de dios
de los fanáticos, los orgullosos,
los iletrados y enemigos del humor;

acribillan y acallan a los hombres
que con genio nos acompañan,
con sus argumentos de balas
y menosprecio de la diferencia;

asesinaron los clowns justos,
los artistas del dibujo y caricaturas
de la realidad, que vestían con gusto,
sabiduría y con exacta pincelada;

los ebrios creyentes, los verdugos
de lo único santo: ¡la vida!
que con sus ignorancia rancia
sesgaron a los trabajadores de la crítica;

son los perros rabiosos que han mordido
la mano que les ofreció techo y alimento,
los traidores de las escuelas y el saber
sólo son esclavos de la ignominia y lo falso;

señores de la sangre derramada,
viles servidores del obscurantismo:
no nos han robado los soles
estampados en el diario Charlie Hebdo

Victor Escobar (Chile).

Paris - Enero - 2015


NICOLÁS ACEVEDO ARRIAZA



PRESENTACIÓN DEL LIBRO “MAPU- LAUTARO”,
EDITORIAL ESCAPARATE, 2014.

El MAPU- Lautaro no existió. El siguiente libro es un resumen de una organización llamada Partido MAPU, que junto a las brigadas del Movimiento Juvenil Lautaro y posteriormente con las Fuerzas Rebeldes y Populares Lautaro, se le conoció por la prensa y la opinión pública como “MAPU-Lautaro”. Hemos decidido conservar esta denominación porque este relato no sólo es una suma de hechos verídicos, sino que también interpretaciones, visiones diversas y voces que rememoran desde un presente o pasado reciente.
Este libro tiene dos orígenes. Primero, la innegable vinculación de esta historia con mi vida personal. Muchos de los protagonistas de este libro los conocí desde los pañales en los años ochenta, partiendo por mis padres. Quise buscar explicaciones, identidad, saldar cuentas, reencontrarme ordenando el caos de recuerdos y hechos. Pero por otro lado, esta historia se enmarca en una búsqueda como historiador, por relatar a los sujetos populares, marginales en algún sentido, de la historia estatal u oficial. Una historia de la política, pero desde abajo, en un periodo que hemos denominado como transición a las nuevas formas de hacer política desde los sectores populares.
El libro lanzado contiene hechos, desde la Unidad Popular hasta el caso bombas; contiene descripción de acciones, de documentos, de interpretaciones desde la propia militancia, desde la prensa, el Poder Judicial y la policía. Pero también están mis propias interpretaciones, las cuales no sólo incorpora razones sociales, políticas y económicas del surgimiento del MAPU - Lautaro, sino también aspectos culturales. ¿Cómo explicar el actuar del ML en los ‘80 y sobre todo en los ‘90? ¿Cómo no integrar que nacieron desde un partido cristiano, que se formaron en parroquias con algunos curas cercanos a la Teología de la Liberación? ¿Cómo explicar integralmente la acción del ML en los noventa, que frente a todos los obstáculos, continuaron hasta más no poder con su lucha armada? He encontrado en el cristianismo algunas pistas que hacen diferentes el Lautaro del MIR o el Rodriguismo. Cristianismo en el sacrificio, en su vocación por los pobres, en su fe absoluta de su revolución, de su verdad. Cristianismo en pensar que a pesar de todo, hoy renacen y dicen: teníamos razón sobre la concertación y sus gobiernos eunucos.
Sin duda es un libro hecho desde la confianza. Para escribirlo tuvo que ser así. Confianza en lo que me contaban, en creerles, a pesar de que siempre confrontaba sus dichos con fuentes y otros testimonios. Confianza de parte de ellos, en contar relatos, que muchas veces, ni a sus hijos le habían dicho o que tampoco lo sabían, ni deben saberlo, los tribunales. ¿Cómo hacer una historia de los sujetos populares sin tener confianza en su gran capacidad de transformación, en su palabra, en su mano estrechada, en su beso y sus abrazos?
Quien fue el MAPU Lautaro: una organización popular, sus integrantes, su política, no fue para una elite. La vida interna, sin lujos.¿Militares? desobedientes, más que nada, pero no era una pandilla. Horizontales, no totalmente. ¿Machista? De todas maneras, aunque no todos. Pero había fraternidad, algo distinto a una organización militarizada. El jefe era el chico, también estaba el negro, el flaco, el guru, la negra, el rucio, la gato, otro chico, otro negro, el pelao, otro pelao, el manzana, la rucia, una organización que se trató como familia en aquella vorágine noventera… Una organización pobre, de armamento, de infraestructura, de tecnología; una organización autónoma, que recibió ayuda de Cuba, pero no dinero ni mucho menos armas, donde un 10% de los recursos venía del extranjero, de militantes exiliados. Marginales en los ‘90, más de 135 militantes cayeron detenidos entre 1988-1995, donde un 80% de ellos provenía de sectores populares, sobre todo del Sur de Santiago, pero también de poblaciones de la IV y VIIII región. Nadie se exilió, frente a los tribunales se declararon culpables, rechazaron la defensa jurídica, abogados, etc. Pelearon por visitas conyugales, trabajo, estudio, transformaron la Cárcel de Alta Seguridad, al menos por esos años y lucharon por una libertad que en un comienzo parecía lejana. En promedio 10 años de prisión. Hoy muchos son obreros, educadores, monitores de salud mental, de rehabilitación en drogas, etc.
Finalmente decir que es un libro crítico a la Concertación, que no cree en su discurso sobre la defensa de los DDHH, ya que para desarticular al ML y las otras organizaciones subversivas y rebeldes se utilizó la tortura por parte de Carabineros y la Policía, fue una práctica que no se acabó con la llegada de la Concertación. Hoy lo siguen negando. Es su asunto, el historiador no les cree. Pero también, la clase política los trató de terroristas, de lunáticos, de delincuentes e incluso de infiltrados. Este libro trata de cambiar estas denominaciones, despejar la mitología, los prejuicios, pero con crítica y sin adulación. A lo menos espero que se haya logrado parte de ello.

Nicolás Acevedo Arriaza (Chile).

JORGE CASTAÑEDA


ENTREVISTA CAPOTIANA A JORGE CASTAÑEDA

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló “Autorretrato” (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente “entrevista capotiana”, con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Jorge Castañeda, poeta y escritor de Valcheta, Río Negro.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?

Preferiría sin lugar a dudas vivir en Valcheta, el pueblo de mis padres. Pintoresco, hospitalario, de serenas mansedumbres es llamado con justeza “el oasis de la Región Sur de la provincia de Río Negro”. Sus alamedas llevo en el alma. Las aguas del arroyo de nombre homónimo corren bajando de los manantiales de la meseta de Somuncurá (piedra que habla, en mapuche) hasta las salinas ardientes del Bajo del Gualicho, donde según los viejos mitos mora el Maligno. Desde alguno de los puentes con el sol casi evanescente las veo pasar y con ellas converso mientras bandadas de loros regresan parlanchinas y me saludan.

¿Prefiere los animales a la gente?

Prefiero a la gente buena donde el cariño y los afectos son recíprocos, pero también amo a los animales. He tenido varios perros y mantenido con ellos una relación entrañable. Mis hijos se han criado con uno y hemos sufrido mucho cuando tuvimos que darle cristiana sepultura en el patio de la casa. Una pequeña lápida de lajas recuerda a “Laika”, nuestra fiel compañera. También he tenido una gata por largos años y hoy han proliferado varios de sus congéneres que alimento diariamente. Hasta una gallina muy entendida que entraba cacareando a la cocina para avisar que había puesto un huevo y un palomo confianzudo que se paseaba muy orondo de la cocina al comedor. ¡Qué maravilla!

¿Es usted cruel?

Yo creo que no soy cruel. Pero, ¿Somos cada uno de nosotros como pensamos que somos? Me acuerdo de “Saverio el cruel” de Roberto Arlt, del conde Vlad, “el empalador”,  y del Petiso Orejudo, aunque no creo que haya nadie que llegue hoy a esos casos extremos de crueldad. Isidoro Blaistein solía decir que adentro de nosotros “ruge un demonio y sonríe un ángel”. Y tal vez sea así ante determinadas circunstancias extremas. Pero yo detesto todo tipo de crueldad y no me veo capaz de maltratar a nadie, ya sea del reino animal o vegetal y aún a la “piedra viva porque esa ya no siente” al decir de Rubén Darío.

¿Tiene muchos amigos?

Por suerte tengo muchos amigos, a pesar que el transcurso de los años (la vida pasa como las Islas Azores, decía Maiacovski) se ha llevado a varios de ellos y uno a los 63 años está cada vez más lleno de ausencias. Algunos están más cercanos y los llevo en mi corazón. Compartimos la mesa, el pan y el vino y eso tan hermoso que se llama fraternidad. Otros están desperdigados`por varios países del mundo y cuando ocasionalmente nos encontramos nos confundimos en un abrazo. Parafraseando a don Atahualpa Yupanqui puedo decir que “tengo tantos amigos que no los puedo contar”.

¿Qué cualidades busca en sus amigos?

Busco generalmente tener embonía con ellos. Qué sean de buenas lecturas, amplios para Arte, diestros en la música, inquietos con los pinceles, pero sobre todo buena gente. La sinceridad, la bondad y la lealtad son los valores que cimentan una buena amistad. La canción “A mis amigos” de Alberto Cortéz me emociona. Trato de corresponder de la misma forma a cada uno de ellos.

¿Suelen decepcionarle sus amigos?

He tenido muy pocas decepciones con quienes creía mis amigos. Pero a veces en la vida pasan esas cosas donde desconocemos hasta a quién creíamos conocer muy bien; a lo mejor porque ni nosotros mismos nos conocemos profundamente. Cuando alguno me ha decepcionado he tratado de olvidar, pero ya nunca esa persona volvió a ocupar el lugar de preferencia que anteriormente tenía. Tampoco la juzgo. Creo que en la vida cada cual es responsable ante sí mismo de sus actos, porque como supo decir Sancho Panza “cada uno es como Dios lo hizo y a veces mucho peor”.

¿Es usted una persona sincera? 

Creo ser una persona sincera. Y donde uno más se desnuda aunque no quiera es en este oficio de escribir. En la medida de lo posible intento mantener una coherencia entre lo que digo y lo que hago. Y busco, aunque a veces no lo logre del todo, decir, no la verdad –que no la tiene nadie- sino mi propia verdad. La Biblia sentencia que tenemos que ser “sinceros de corazón” y yo trato de cumplir.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?

El tiempo libre me gusta ocuparlo por ejemplo regando las plantas y los árboles de mi predio; viendo buenas películas, escuchando música, mirando un partido de fútbol de Boca o de Olimpo de Bahía Blanca, caminando con Irma, mi compañera de vida, y compartiendo con mis amigos. Las vacaciones las suelo pasar en mi casa del Balneario Las Grutas donde el mar me cuenta sus cuitas y yo las mías. Resuelvo crucigramas, me gustan los juegos de cartas y el ajedrez. Leer y escribir no, porque es mi trabajo, no mi descanso, como cuenta la anécdota célebre de don Pío Baroja.

¿Qué le da más miedo?

Me da miedo la enfermedad y la postración del cuerpo, la pérdida de la dignidad, la cobardía. En mí y en los seres queridos que me acompañan. No le temo en cambio a la muerte. Es la compañera más leal que tenemos y que la que nos demuestra la certeza de nuestra finitud, ni tampoco a las sombras ni a la noche. No creo tener fobias conscientes. A los timoratos, a los inicuos y a los soberbios no les temo, más bien les huyo por mi propia salud, pero tampoco los odio ni pierdo el tiempo refutándolos o tratando de cambiarlos.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?

Me escandaliza la pobreza de ideas, la mojigatería, la maldad y la envidia, que al decir de Quevedo “va tan flaca y amarilla porque muerde y no come”, el fanatismo racial, político o religioso, la gente estrecha de pensamiento, los mesiánicos y la “poca sal en la mollera” de algunos, como decía Cervantes de Sancho Panza.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?

No me imagino hacer otra cosa más que escribir. Es mi pasión y mi oficio. Llevo años en este maridaje maravilloso con la palabra. Nos respetamos mutuamente. “Los idiomas nos hacen –decía Valle Inclán- y nosotros hemos de deshacerlos”. Y en ese intento diario se me va yendo la vida. Pero si hubiera tenido que elegir otra profesión sería jardinero o profesor. Me gusta enseñar.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico?

De joven supe correr maratones y jugar al fútbol. Ahora en cambio me dedico a caminar y me gustaría mucho volver a andar en bicicleta otra vez, pero no como un deporte sino como una actividad placentera para mantener en un estado pasable el cuerpo. En el verano suelo jugar al tejo en la playa.

¿Sabe cocinar?

Me gusta la coquinaria. Como el bueno de Estebanillo González viviría entre marmitas y sartenes. Con cierto decoro practico la cocina árabe; soy maestro ensaladero; aderezo algún  pollo al disco, me considero un asador sin sombrero y amigo con buena mano de salpicones, sopas, revueltos y como Alonso Quijano hasta de “duelos y quebrantos”. Veo asiduamente el canal Gourmet.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre “un personaje inolvidable”, ¿a quién elegiría?

La pregunta exige una respuesta muy ardua. El gran Alejandro ante el mismo requerimiento respondió que “si no hubiese sido Alejandro Magno le hubiera gustado ser Diógenes, el cínico”. Tengo muchas admiraciones por los grandes hombres de la humanidad y desde que leí como Perón las “Vidas paralelas” de Plutarco, seguí incorporando arquetipos humanos. Pero salvando las grandes distancias de la historia y de sus hombres ilustres diría que me gustaría ser solamente un hombre bueno.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?

La palabra más llena de esperanza y no es una verdad de Pero Grullo ni una redundancia, es justamente esperanza. Y para los que tenemos valores espirituales y cristianos la palabra es Dios.

¿Y la más peligrosa?

La más peligrosa también es Dios, así lo piensa también mi hija María Elena. La entrevieron los cabalistas cuando buscaban su Nombre en las “noches de la judería”; la buscaba Nietzsche cuando enloqueció y Pablo Apóstol de Jesucristo cuando la “Luz” lo derribó del caballo en un recodo del camino de Jerusalén a Damasco.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien?

Nunca he querido matar a nadie. Soy un respetuoso de la sacralidad del hombre. Y ni siquiera recuerdo algún  sueño donde me vea matando a otra persona. Pero también hay actos impropios que son más fuertes que las armas de fuego y los puñales. Por eso trato de no herir impunemente a nadie. No hay derecho de hacerlo en un mundo donde somos todos hermanos. Los héroes desgarrados de Dostoievski a veces me aterran. ¡Qué nunca me encuentre en esos subsuelos!

¿Cuáles son sus tendencias políticas?

Soy peronista de Perón, hijo de su doctrina, el Justicialismo. No soy ortodoxo y sí muy crítico, casi diría despiadado hacia los que han rebajado el peronismo a su propia estatura de enanos. Como Marechal, Scalabrini, Jauretche, Cooke y otros me gustan más las ideas y los aportes de pensamiento que la Política sectaria y de aparcería. En mis notas periodísticas de opinión les endilgo sus errores y sus mezquindades y no les tengo miedo por más poder que tengan.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?

Ya lo he dicho anteriormente: me gustaría ser un jardinero. Tengo alma de labriego. Y que después de una jornada de sol a sol entre aladrería dispersa y plantas me esperara el abrigo de la taberna y el solaz de la familia en la casa paterna. Seguramente dormiría como un bendito sin replantearme tanto las incógnitas de la vida y no hacerme malasangre por bagatelas sin importancia.

¿Cuáles son sus vicios principales?

Hace muchos años he dejado de fumar. Fui un gran fumador, pero un buen día le dije adiós al humo y a los pitillos. En mi biblioteca escritorio aún tengo dos cachimbas y varios ceniceros y también una caja de habanos Cohíba. Pero no me molesta que otros fumen en mi presencia. Más que vicios diría que tengo muchos defectos de los cuales todos los días me lamento y pido perdón. Haber levantado un poco la voz, haber pensado mal sobre alguien, ser mezquino para dar la razón cuando es evidente que el otro la tiene, haber dicho mentiras blancas o piadosas o caído en el pecado de la omisión, en fin, el lugar común.

¿Y sus virtudes?

No soy yo quien deba definir sus virtudes: tal vez ser marido de una sola mujer; ser un buen padre; tener el corazón abierto a la amistad; ser hospitalario; ser paciente; dar buenos frutos; perseverar con la escritura; buscar siempre las viejas utopías y en especial creer en el hombre y su destino.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?

Si me estuviera ahogando –y otra vez caigo en el lugar común- me pasarían por la cabeza en el plazo de unos breves segundos como en una película todos los instantes decisivos de mi vida. Y seguramente vería el rostro de mi padre y de mi madre (siempre retornamos a ellos), el de Irma y el de mis hijos. Si el tiempo se pudiera comprimir como le pasaba al personaje del cuento “El perseguidor” de Julio Cortázar seguro vería toda mi vida. La vida de un hombre que fue feliz y lo sabía, pero que como todos los seres humanos “pasó como los lirios del campo”. O sea: una nada, una finitud, un eslabón más y muy pequeño, casi insignificante, en la cadena de la humanidad.

Jorge Castañeda (Argentina).